Mi rumbo.
Deriva profesional

Hijo, nieto y sobrino de marinos. Sin embargo, me mareo nada más salir de puerto.

Desde niño vi y sentí a las mujeres de casa seguir con intranquilidad las noticias que venían de la mar. No podía menos que imaginarme escalando a los mástiles del barco en plena tempestad. Al fin decidí que era mejor ser futbolista y jugar en el Athletic Club de Bilbao.

Las circunstancias, paradójicamente, me llevaron a trabajar en un faro de puerto, mi primer empleo, señalando las entradas y salidas de los barcos.

Por aquél entonces ya había comenzado mis estudios universitarios. Primero en la Facultad de CC. Sociales y de la Información, especialidad Periodismo. Más tarde en las Facultades de Derecho de las Universidades de Deusto y Middlesex University, en Londres.

Con una sólida formación y una buena técnica adquirida a través del Colegio de Abogados de Bizkaia me centré en la defensa del interés del cliente ante los Tribunales de Justicia. Pensando en términos de perder y ganar, gané y también perdí. Y comprendí el dicho marinero que dice: mar en calma nunca hizo buenos marineros.

Tras una década ejerciendo la abogacía, comencé a transitar por otros lugares. Atraído por el arte de la comunicación, fui incorporando a mi trabajo el diseño, la escritura, la oratoria, las artes visuales, y otras variadas técnicas y herramientas que me permiten un desarrollo profesional más creativo. A la par, recalé en la Gestión de conflictos y me acerqué a la Mediación y al Derecho colaborativo, como métodos alternativos y adecuados para la resolución de conflictos.

De estos viajes y puertos no sólo volví con conocimientos y experiencias sino que vinieron conmigo personas, profesionales de diferentes ámbitos, que traen diversidad de miradas, de conocimientos, de planteamientos, de preguntas que generan respuestas únicas y creativas a los retos que se nos plantean en nuestro trabajo.

Con la vista puesta siempre en el cliente, nace este proyecto, un espacio donde integrar conocimientos y experiencias, para acompañarle en su travesía ayudándole en la solución de sus conflictos. Al estilo del capitán de barco que acerca a buen puerto a quien lo requiera, enrolando a la tripulación adecuada.

A fin de cuentas, como veis, igual no me he alejado tanto de la tradición familiar.

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