No me preguntes por qué

No me preguntes por qué

“Si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución gastaría 55 minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez supiera la pregunta correcta podría resolver el problema en menos de cinco minutos”

— Albert Einstein

 

Permitidme que me esconda tras Einstein para captar vuestra atención y dar algo de credibilidad y rigor a este artículo, gracias.

Aprovecho y releo la cita. Coincido en la importancia de realizar y realizarnos las preguntas adecuadas; y admito que me sería totalmente imposible dejar sólo los últimos cinco minutos para la resolución de un problema. Por supuesto que no soy Einstein ni nadie que se le parezca.

También creo que así como existen las preguntas apropiadas para resolver los problemas; igualmente existen preguntas inadecuadas e incluso generadoras de más problemas. Esto lo vemos claramente en el ámbito de la gestión de conflictos donde gran parte de nuestro trabajo consiste, precisamente, en hacer preguntas apropiadas.

Una de las preguntas con las que nos topamos frecuentemente es el ¿por qué?. ¿Por qué digo esto? (sutil juego de palabras). Escuchen estas preguntas e investiguen conmigo:

¿Por qué te divorcias?
¿Por qué resuelves el contrato con este proveedor?
¿Por qué quieres demandar a este cliente?
¿Por qué dejas la empresa?
¿Por qué te separas de tu socio?
¿Por qué has pegado a tu hermano?
¿Por qué has llegado tarde?

Ahora piensen en las respuestas que vienen a su mente al hacerse estas preguntas. Aún cuando no sean situaciones en las que estemos inmersos sí podemos pensar en respuestas del tipo: porque mi marido es insorportable, porque el proveedor ha incumplido las condiciones del contrato, porque no soporto a mi jefa,  porque él me ha pegado antes, etc…

Todas tienen en común; una mirada al pasado, la búsqueda de una justificación y  una culpablización del otro. Y desde el pasado, la justificación y la culpabliización difícilmente podremos avanzar en la gestión de un conflcito, corrijo, sí podemos avanzar pero para hacerlo más intrincado y difícil de superar.

En cambio, si aplicamos una pregunta más adecuada al mismo problema podemos ver que la situación generada varía. Esta pregunta puede ser: ¿Para qué…?

¿Para qué te divorcias?
¿Para qué resuelves el contrato con este proveedor?
¿Para qué quieres demandar a este cliente?
¿Para qué dejas la empresa?
¿Para qué te separas de tu socio?
¿Para qué has pegado a tu hermano?
¿Para qué has llegado tarde?

La pregunta es casi la misma pero la respuesta varía. Ante este tipo de preguntas nos vienen respuestas como: para vivir una vida más tranquila, para hacer mejores negocios, para prosperar en mi carrera profesional, para que no vuelva a pegarme, para poder terminar un trabajo, etc…

(Nota: en caso de que las respuestas entre una y otra pregunta no hayan variado y se sigan moviendo entre al justificación y la culpabilización del otro, dé otra vuelta de tuerca y pregunte otro para qué a la respuesta dada. Por ejemplo, ¿para qué te separas de tu socio?, para no verle más. ¿Para qué quieres dejar de verle?, para poder hacer lo que me dé la gana. ¿Para qué quieres hacer lo que te dé la gana? Para poner en marcha mis proyectos. Aquí ya hay algo con lo que trabajar; la necesidad de poner en marcha los proyectos propios.)

A salvo de haber acertado con las respuestas idóneas lo cierto es que podemos comprobar como el para qué nos coloca como interrogados en otro lugar muy diferente al por qué, aún cuando en un primer momento las preguntas puedan parecer similares.  Y es que el para qué te lleva a otros lugares, como son:

  • Pone la mirada en el futuro. El para qué te obliga a pensar en términos de futuro, para responder necesitas crear un escenario de futuro y hablar de hacia donde quieres ir.
  • Ayuda a descubrir tus intereses y necesidades. Y desde nuestros intereses y necesidades se abren múltiples opciones para reconducir y solucionar un conflicto en términos que realmente nos satisfagan, más allá del ganar al otro.
  • Obliga a pensar en términos positivos. Dejamos atrás los reproches y la pantalla del otro como culpable de todos nuestros males y nos obliga a pensar en actuaciones concretas, en qué podemos hacer.
  • Nos hacemos proactivos, responsables de nuestras propias decisiones sin estar determinados por el actuar del otro. Tenemos un lugar al que dirigirnos y es nuestra decisión el ir hacia allí o quedarnos donde estamos.

Aún cuando no nos lleve 55 minutos el definir la pregunta os puedo asegurar que el para qué funciona, rompe esquemas mentales y viejos patrones de pensamiento y ayuda a salir del bucle defensivo y culpabilizador del otro que lo único que sirve es para limitar nuestras decisiones y actuaciones.

Y la mejor prueba de esto que os digo la ireís comprobando según vayaís haciendo esta pregunta e incorporándola a vuestro día a día, y podaís comprobar como, en situaciones de conflicto, la mente se niega a responder a la pregunta para qué sino es a través del porqué, del otro como culpable de la situación. En esos casos insistir con la pregunta adecuada, ya se la hagaís a otro, ya os la formuleís a vosotros mismos.

E investigar y no deís nada por sentado, ni lo que dice Einstein, ni, por supuesto, lo que dice este artículo.

salud !!

;; orbe

;; orbe

;; orbe

Hijo, nieto y sobrino de marinos

Enrolar esa tripulación idónea, diversa y diferente para cada viaje en que nos embarquemos; fijar destino, escoger rumbo y zarpar junto con el cliente; esta es la magia de ;; abogacía artesana.